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“Materia y mano”

 

bachelard

 

El grabador se compromete mejor: para él, la materia existe. Y la materia existe al punto bajo su mano obrante. Es piedra, pizarra, madera, cobre, zinc… Con su grano, con su fibra, el propio papel provoca a la mano soñadora a una rivalidad de la delicadeza. La materia es así el primer adversario del poeta de la mano. Tiene todas las multiplicidades del mundo hostil, del mundo por dominar.


El verdadero grabador empieza su obra en un sueño de la voluntad. Es un trabajador. Es un artesano. Tiene toda la gloria del obrero. Meditando materialmente las páginas de este álbum, se encontrará la acción saludable de esas manos dinamizadas por los sueños de la voluntad.


El resultado felizmente estético no oculta la historia del trabajo, la historia de las luchas contra la materia. Las propias tretas del ácido contra el cobre, las estratagemas tan distintas de los entalles de la madera, el prudente acercamiento de la piel granada a la piedra, en pocas palabras, revivimos los tiempos heroicos del grabador cuando tomamos conciencia de la materia inicial atacada por la mano.


Pensamos en Georges Braque, quien escribe: “Para mí, ponerse a trabajar siempre es más importante que los resultados previstos”. Más que cualquier otro poema, el grabado nos recuerda el trabajo. Sí, la primera materia ofendida queda allí, bajo el papel, más abajo que la pasta de celulosa: la madera, el cobre no pueden dejarse olvidar, traicionar, enmascarar.


El grabado es el arte que, entre todos, no puede engañar. Es primitivo, prehistórico, prehumano. Ya la concha grabó su manto en la inspiración de la sustancia de su piedra. La concha no trabajó con el mismo buril la sílice y el carbonato. Esa conciencia de la mano que trabaja renace en nosotros con una participación en el oficio de grabador.


El grabado no se contempla, se reacciona, nos aporta imágenes de despertar. No es sólo el ojo el que sigue los rasgos de la imagen, pues la imagen visual lleva asociada una imagen manual y esa imagen manual es la que verdaderamente despierta el ser activo en nosotros.


Toda mano es conciencia de acción. Pero, puesto que, de acuerdo con Braque, la acción de trabajar más precavida es una de las primeras dichas del creador, hay que prestar atención a las alegrías de los primeros dibujos, cuando, antes del ácido sobre el cobre brillante, el poeta de la mano sueña, lápiz en mano, sobre la página en blanco. ¿Se ha contado alguna vez ese primer duelo de las materias, esa justa con armas mosqueteadas, antes de la herramienta de plena ofensa? Quien gusta de entrar en lo minúsculo de las cosas, en la competencia de la materia negra y la materia blanca ganará escuchando al físico.


Entrará entonces en el misterio de las luchas de los gnomos atomizados. Vivirá una increíble dialéctica de la cohesión y la adhesión. Pues, ¿qué hace el dibujante? Se acerca a dos materias; empuja suavemente el negro lápiz hacia el papel. Nada más. La cohesión del grafito es atraída entonces a la adhesión por el papel inmaculado.


Se despierta al papel de su sueño de candor, se le despierta de su blanca pesadilla. ¿A qué distancia empieza la atracción mutua, íntima, del negro y del blanco? ¿A partir de qué límite la adhesión extrovertida se sobrepone a la cohesión introvertida? ¿En qué momento el raudal de átomos de carbono -¡negro polen!- abandona la mina para invadir los poros del papel? En su lenguaje rápido, la física responde: a 10 centímetros, a un diezmilésimo de milímetro.


Los átomos son todavía diez veces más pequeños. He allí el lápiz sobre el papel. He allí el punto en que la falange soñadora hace activa la aproximación de dos materias; he allí el punto en que las materias comprometidas en el dibujo terminan y fijan la acción de la mano del obrero. Así, en la delicadeza más extrema, la mano despierta las fuerzas prodigiosas de la materia.


Todos los sueños dinámicos, desde los más dinámicos hasta los más insidiosos, desde el surco metálico hasta los rasgos más finos, viven en la mano humana, síntesis de la fuerza y de la destreza.


Entonces nos explicaremos, a la vez, la variedad y la unidad de un álbum en que dieciséis grandes obreros han venido a darnos cada cual la vida de una mano. Esos son los elementos de una confesión de la dinámica humana, los elementos de una quiromancia nueva, aquella que, develando fuerzas, se revela creadora de un destino.


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Fecha: 10.05.18

Fuente: Libro “Materia y mano” de Gaston Bachelard
Fotografia: Referencial
Grabado: Alirio Palacio

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