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A los 99 años fallece Ana Enriqueta Terán, poetisa venezolana

 

 

 

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"Hasta la muerte es bella en una rosa;
se desprende en descuido y armonía de caída
y reposo como vía para un lejano aroma que reposa”
(Ana Enriqueta Terán)

 

Por medio de su cuenta en la red social Twitter, Ernesto Villegas, ministro del Poder Popular para la Cultura, informó que la poetisa Ana Enriqueta Terán falleció el día de ayer 18 de diciembre en Valencia, estado Carabobo, a los 99 años de edad.


El ministro expresó: @villegaspoljak: “Acaba de fallecer en Valencia la poetisa Ana Enriqueta Terán a la edad de 99 años. Su obra y trayectoria quedan como ejemplo para las nuevas generaciones. ¡Honor y gloria!”.

 

“Casa de hablas” (1991) destaca en la obra de la creadora tanto como “Piedra de habla” (2014). Este último poema fue el título que la Fundación Biblioteca Ayacucho concedió a un título exclusivo con la obra de la autora trujillana. Esta obra recauda poemas selectos de obras fundamentales como “Al norte de la sangre” (1946), “Presencia terrena” (1949), “Testimonio” (1954), “De bosque a bosque” (1970), “Libro de los oficios” (1975), entre otros.

 

Vida y prosa


Nacida en Valera, estado Trujillo, el 4 de mayo de 1918, Terán perteneció a la llamada Generación del 18, y tuvo como influencias principales en su carrera a clásicos españoles como Luis de Góngora y Garcilaso de la Vega, y posteriormente a la poesía francesa de Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire.
De acuerdo a los especialistas, su obra poética “trasciende lo meramente métrico y se constituye en una voz propia seducida por elementos que bordean la nostalgia, el amor, la sensualidad y el paisajismo andino”.


La poeta, que también realizó carrera diplomática en Uruguay (1946) y Argentina (1950), fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1989, año en que recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Carabobo.


Las memorias de Enriqueta Terán están repletas de grandes personajes de la contemporaneidad y celebridades del arte. El telón de fondo de su vida es un extenso trayecto de la realidad política, que va desde Juan Vicente Gómez hasta Nicolás Maduro, e incluye personajes como Argimiro Gabaldón (quien era su primo), Jóvito Villalba, Gustavo Machado, Marcos Pérez Jiménez, los presidentes de la IV República y, por supuesto, Hugo Chávez, pues la gran poeta de Valera es revolucionaria a carta cabal.


En el plano artístico, el desfile de notables comienza nada menos que con Andrés Eloy Blanco, quien la conoce en 1931 (cuando ella tenía solo 13 años), lee sus primeros poemas y la declara poeta. El cumanés, años más tarde, durante un recital en homenaje a Alberto Arvelo Torrealba, en el Ateneo de Caracas, desató las risas de todos los presentes cuando su voz se abrió paso entre los aplausos: “¡A esa la descubrí yo!”, gritó. La chica acababa de leer versos de una de sus primeras obras publicadas, Décimas andinas.


Su formación intelectual comenzó con su madre Rosa Madrid Terán, quien la puso en contacto con los poetas clásicos, se inició con versos de estricta métrica, luego pasó a la poesía libre.

 

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En el recorrido vital de Terán también aparecen figuras como el poeta español Rafael Alberti; los poetas venezolanos Juan Liscano, Víctor Valera Mora y Ramón Palomares; y los pintores Aimée Battistini, Oswaldo Vigas y Pascual Navarro. Como desarrolló una breve carrera diplomática (a la que renunció para no respaldar la dictadura de Pérez Jiménez), también tuvo la oportunidad de alternar con personajes históricos de nuestra América, como Juan Domingo Perón, Eva Perón y Augusto César Sandino.


Más allá de alternar con gente destacada, en su pasantía diplomática estuvo en Argentina y, según ha dicho en conversaciones y conferencias, regresó convencida del inmenso potencial de la América profunda. “Aprendí a amar las grandes masas indígenas. Soy una poeta mestiza. Y me siento muy orgullosa de eso”.


Vista siempre como una persona de cuidado, por sus vinculaciones y afinidades con la izquierda, no fue sino hasta 1989 (entrando ya en su séptima década) cuando recibió el Premio Nacional de Literatura. El reconocimiento tuvo el respaldo de tirios y troyanos, igual que cuando la Universidad de Carabobo le otorgó el doctorado honoris causa y cuando, en 2007, el IV Festival Mundial de Poesía tuvo su obra como foco. Asimismo, el principal teatro de Valera lleva su nombre.


Terán vivió en diferentes lugares de Venezuela: Puerto Cabello, Valencia, Caracas, Margarita, Morrocoy, pero fue amante de su montaña natal, a la que dedicó buena parte de su obra inicial. Especial afecto sintió por sus coterráneos, a quienes consideraba gente cortés y maravillosa. Según la poeta, hasta cuando lloran, los niños andinos lo hacen dulcemente.
En su afán de reivindicar y defender lo venezolano y trujillano, ha puesto la calidad lírica al servicio de la beatificación de José Gregorio Hernández. El privilegiado destinatario del alegato ha sido el papa Francisco. “Es muy justo que también tenga un lugarcito entre los santos del mundo. Es un trujillano ejemplar. Se pierde en la distancia. Qué orgullosa me siento de mi paisano”.

 

Ana Enriqueta Terán vivió durante 11 años en una casa ubicada en el pueblo de Jajó, del Municipio Urdaneta, estado Trujillo. Es la misma casa que en la actualidad está siendo restaurada por el Gobierno Regional para convertirla en un centro cultural: “Casa de hablas” es su nombre, en honor a la sonetista trujillana.

 

 

“Estoy en mí, pensando en el vivir
de este efímero cuerpo que fatiga,
más allá del silencio y de la sombra vegetal
que hiere y acompaña,
más allá de la vida y de la muerte
y de la savia de verdor inerte”
(Ana Enriqueta Terán)

 

Fuente: Agencias
Imágenes: Referencial
Fecha: 19.12.2017
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