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Un 24 de agosto nació el escritor argentino Jorge Luis Borges

 

 

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"Somos nuestra memoria,
somos ese quimérico museo de formas inconstantes,
ese montón de espejos rotos".
(Jorge Luis Borges)

 

Heredero de una estirpe de seis generaciones castigadas con la ceguera, Jorge Luis Borges fue un escritor argentino considerado como una de las grandes figuras de la literatura en lengua española del siglo XX. Cultivador de variados géneros, nació un 24 de agosto de 1899 en el centro de Buenos Aires, entre Suipacha y Esmeralda, en casa de los abuelos maternos.


Borges ocupa un puesto excepcional en la historia de la literatura por sus relatos breves. Aunque sus ficciones recorren el conocimiento humano, en ellas está casi ausente la condición humana de carne y hueso; su mundo narrativo proviene de su biblioteca personal, de su lectura, y a ese mundo libresco e intelectual lo equilibran los argumentos bellamente construidos, simétricos y especulares.


Místico y farsante, fue un escriba argentino convencido de que la literatura fantástica es una rama de la metafísica y que pronto se sabría condenado "a repetir los mismos versos pero con variaciones preciosas", como recordó años más tarde, en el epílogo a sus Obras Completas.


Borges llevó la ficción al rango de fantasía filosófica y degradó la metafísica y la teología a mera ficción. Los temas y motivos de sus textos son recurrentes y obsesivos: el tiempo (circular, ilusorio o inconcebible), los espejos, los libros imaginarios, los laberintos o la búsqueda del nombre de los nombres. Lo fantástico en sus ficciones siempre se vincula con una alegoría mental, mediante una imaginación razonada muy cercana a lo metafísico. “Ficciones” (1944), “El Aleph” (1949) y “El Hacedor” (1960) constituyen sus tres colecciones de relatos de mayor proyección. A pesar de que su obra va dirigida a un público comprometido con la aventura literaria, su fama es universal y es definido como el maestro de la ficción contemporánea.


En el prólogo de Otras Inquisiciones escribió: "La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético".


Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, la familia Borges recorrió los escenarios bélicos europeos, guiados por un ex profesor de psicología e inglés, ciego y pobre, que se había visto obligado a renunciar a su trabajo y que arrastró a los suyos a París, a Milán y a Venecia hasta radicarse definitivamente en la neutral Ginebra cuando se desata el conflicto.

Borges era entonces un adolescente que devoraba clásicos como Voltaire o Víctor Hugo, también descubriría maravillado el expresionismo alemán, por lo que se decidió a aprender el idioma descifrando por su cuenta la inquietante novela de Gustav Meyrink El golem.

Hacia 1918, lee a autores en lengua española como José Hernández, Leopoldo Lugones y Evaristo Carriego y al año siguiente la familia pasa a residir en España, primero en Barcelona y luego en Mallorca, donde al parecer compuso unos versos, nunca publicados, en los que se exaltaba la revolución soviética y que tituló “Salmos rojos”.

En Madrid, entablaría amistad con un notable políglota y traductor español, Rafael Cansinos Assens, a quien proclamó como su maestro. Conoció también a Valle-Inclán, a Juan Ramón Jiménez, a Ortega y Gasset, a Ramón Gómez de la Serna, a Gerardo Diego.


De regreso en Buenos Aires, en 1921 fundó con otros jóvenes la revista “Prismas” y, más tarde, la revista “Proa”; firmó el primer manifiesto ultraísta argentino, y, tras un segundo viaje a Europa, entregó a la imprenta su primer libro de versos: “Fervor” de Buenos Aires (1923). Seguirán entonces numerosas publicaciones, algunos felices libros de poemas, como “Luna de enfrente” (1925) y “Cuaderno San Martín” (1929), y otros de ensayos, como I”nquisiciones”, “El tamaño de mi esperanza” y “El idioma de los argentinos”, que desde entonces se negaría a reeditar.


En 1938 fallece su padre y comienza a trabajar como bibliotecario en las afueras de Buenos Aires; durante las navidades de ese mismo año sufre un grave accidente, provocado por su progresiva falta de visión, que a punto está de costarle la vida. Al agudizarse su ceguera, Borges se resigna a dictar sus cuentos fantásticos y desde entonces solicita a su madre y amigos para poder escribir, colaboración que resultará muy fructífera. Así, en 1940, publica una espléndida Antología de la literatura fantástica, y al año siguiente una Antología poética argentina.

Sin embargo, su creación narrativa no obtiene por el momento el éxito deseado, e incluso fracasa al presentarse al Premio Nacional de Literatura con sus cuentos recogidos en el volumen “El jardín de senderos que se bifurcan” (1941), los cuales se incorporarán luego a uno de sus más célebres libros, “Ficciones” (1944), obra con que se inicia su madurez literaria y el pleno reconocimiento en su país.


Borges recuerda en sus memorias una infancia rodeada por los libros de la biblioteca paterna, de cuyas lecturas surge la concepción de una biblioteca universal que, como señala el libro “Borges por él mismo”, del crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal (1970), además de remarcar la condición del autor como un gran bibliotecario, mediante la literatura fantástica busca "expresar una visión más compleja de la realidad".


No consiguió el tan anhelado Nobel de Literatura, al que fue candidato por casi tres décadas, debido a sus posturas políticas, y aún así, Borges es mundialmente reconocido como uno de los escritores más destacados del siglo XX, un escritor argentino del que se hace prácticamente imposible pensar sobre la literatura del siglo XX sin su presencia, y así lo han reconocido no solo la crítica especializada, sino también las sucesivas generaciones de escritores, que vuelven con insistencia sobre sus páginas, un erudito con una obra que ha sido de gran influencia para creadores de distintas disciplinas.


Borges fue el creador de una cosmovisión muy singular, sostenida sobre un original modo de entender conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. Sus narraciones y ensayos se nutren de complejas simbologías y de una poderosa erudición, producto de su frecuentación de las diversas literaturas europeas, en especial la anglosajona (William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad son referencias permanentes en su obra), además de su conocimiento de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la filosofía. Su riguroso formalismo, que se constata en la ordenada y precisa construcción de sus ficciones, le permitió combinar esa gran variedad de elementos sin que ninguno de ellos desentonara.


En 1980 fue galardonado con el Premio Internacional Cino del Duca; además varias veces fue candidato al Premio Nobel de Literatura, pero la importancia de su obra fue reconocida con el Premio Miguel de Cervantes en 1979.


El escritor bonaerense murió en Ginebra en 1986, producto de un enfisema pulmonar.

 

"Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca".
(Jorge Luis Borges)


Fuente: Agencias
Imagen: Referencial
Fecha: 24.08.2017
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