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“Los dioses nos dan muchas sorpresas. Lo esperado no se cumple
y para lo inesperado un dios abre la puerta”.
Eurípedes.


Si el adversario ataca de manera violenta la respuesta tiene que ser con fuerza y sin vacilaciones.

 

La historia latinoamericana registra antecedentes diversos. Getulio Vargas, en 1954, y Allende, en 1973, se inmolaron, y también hubo quienes calcularon que con la rendición detenían la arremetida feroz. Nada. Las clases dominantes conocen una única fórmula: aplastar al contrario.

 

Esa fórmula la aplicaron en América Latina después del derrocamiento de Allende. En Chile arrasaron y luego siguieron con dictaduras militares, en los años 70, en Brasil, Paraguay, Uruguay y Paraguay. En otros países, como Venezuela, el debilitamiento del movimiento popular, transitó por el ablandamiento de muchos y el aislamiento de la izquierda radical. Es la crónica de algunos “subversivos” latinoamericanos. Algunos que jugaron a la lucha armada después se transmutaron en ministros de los gobiernos conservadores.

 

Todo eso que se hizo “con la razón de la fuerza”, vino a completar el dominio primero con Internet y más recientemente con las redes sociales, que propagaron el sentido común neoliberal.

 

Ya para los 80 y 90 se avanza con la restructuración del sistema. El capitalismo comienza su reestructuración regresiva y América Latina lo sufre de manera directa. Se reconcentran los ingresos de las corporaciones, se desmantelan los programas sociales, se privatizan el acero y el petróleo; y todo lo demás venía enseguida: el agua y la electricidad, las escuelas, los hospitales y hasta las cárceles. Hay una masiva mercantilización de los derechos. La salud, la educación y la seguridad social dejaron de ser componentes de los derechos ciudadanos y se convirtieron en simples mercancías intercambiadas. Son "bienes" o "servicios" que se compran en el mercado. El medio ambiente es una mercancía.

 

Pero desde Venezuela viene el campanazo que modifica esa historia. Insurge el movimiento popular, en febrero de 1989, y luego con el levantamiento militar liderado por el comandante Chávez.

 

Así llegamos a la Constituyente de 1999 que rompe con la ruta trazada por el cálculo neoliberal. Venezuela inicia su refundación, con otra carga histórica. El espíritu rebelde insurge y trasciende los límites patrios. Otra ola recorre al continente. Aparecen otros líderes como Evo Morales y Rafael Correa, regresan los sandinistas al poder, Lula al fin consolida su liderazgo. Néstor Kichner muestra una opción distinta. La semilla cosechada en Venezuela había prendido.

 

En esta hora en la que algunos se ufanan de un supuesto “fin de ciclo”, la propuesta constituyente está de regreso, con renovados bríos, reviviendo el espíritu de la refundación de la patria, con sus banderas de independencia, justicia, solidaridad y cambio social profundo.

 

Estamos en la hora de la insurgencia popular. No está demás decirlo.

 

Redacción: Orlando Villalobos.
Imagen: Obra “Mestizaje” de Oswaldo Guayasamin.
Fecha: 26.07.2017

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