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Bailes y juegos que disfrutaban guajiros y paraujanos en el pasado

 

CARRERA-CABALLO

 

Después del Yonna, baile tradicional y por excelencia del pueblo wayuu, se practicó otro conocido como el Baile de la Cabrita. Escribió Fernando Guerrero Matheus -en su libro En la Ciudad y el Tiempo- que esta danza se realizaba aprovechando la oscuridad de la noche. “Era un mezcla de juego y baile, en el cual participaban mujeres y hombres jóvenes, quienes contorsionaban sus cuerpos apretujados que imitaban movimientos de animales como el váquiro, alcaravanes, serpientes, zamuros, incluso, el viento. Estos bailes –refiere el cronista- terminaban en borracheras, riñas, pleitos y enemistades entre casta e, incluso, en ocasionales matrimonios.

 

Otra forma de distracción de los guajiros eran las carreras de caballos. Guerrero Matheus habla de la extraordinaria destreza del hombre wayúu, para montar caballos y otros equinos. Para la ocasión vestían sus mejores galas, se adornaban la cabeza con penachos de hermoso colorido y listos, en perfecta formación, iniciaban la carrera. Sobre el lomo del caballo se apreciaba silla, colcha y tapiz colorido. Era un espectáculo único, a todo galope sobre las “aguilillas”. Al concluir, comenzaba la fiesta con bebida y mucha carne asada.

 

El Aluche era otro juego corriente entre los hombres wayúu. Brazo a brazo y cuerpo a cuerpo. Quienes participaban tenían que ser sumamente hábiles, ligeros y expertos en realizar zancadillas al contrincante. En el entrevero de piernas, brazos y torsos caían unos sobre otros. La victoria era para quien fuera más diestro, el que mejor se afincara de pie en el suelo o el que mejor se asiera a su rival. El juego de El Aluche se realizaba sobre tierra arenosa, no había miedo de caer y romperse la cabeza o cualquier miembro. Era un juego más que fuerza de astucia y equilibrio.

 

Pero entre los casi adolescentes el más popular era el juego del chiriguare y los zancalargas. El mayor de todos hacía de chiriguare, un habitual pájaro de la Guajira, y los otros hacía de zancalargas, que es otra variedad de ave de la zona. El juego consistía en que el chiriguare perseguía a picotazos a los zancalarga y viceversa, unos por delante, otros por detrás, hasta que lograban someter y tirar en la arena, o bien al chiriguare, o éste a algunos zancalarga. El juego culminaba cuando llegaba el cansancio, eso sí, la diversión estaba garantizada.


Los juegos del agua

 

Por su parte, el pueblo Añú o paraujano tuvo en el agua el mejor escenario para disfrutar jugando. Las regatas de cayucos fueron famosas. Niños y jóvenes de la Laguna de Sinamaica, Gran Eneal, la Costa Occidental del Lago de Maracaibo tenían regatas por apuestas. Los paraujanos, embarcados en sus cayucos, lucían su sus cualidades de expertos remeros, desplazando las naves a canalete y en ocasiones con palancas largas de madera. Obvio, quien llegara primero a la meta era el ganador y celebraba con gritos, silbidos y estrepitosas carcajadas la victoria alcanzada.

 

Guerrero Matheus también recuerda en sus crónicas las competencias de nado. Los participantes, todos paraujanos, se colocaban de dos, cuatro o seis en línea y comenzaban a nadar. Colocaban un punto de llegada que identificaban con una palma de cocotero. Todos los participantes eran excelentes nadadores, lo particular es que cada uno podía competir con su propio estilo.

 

Fuente: Prensa Secretaría de Cultura
Redacción: María Luisa González
Foto: Archivo
Fecha: 11.07.2017

 

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