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Yasmina Jiménez: La mujer hecha teatro

Collage de_Yasmina

 


Es imposible hablar de teatro y no tomar como referencia a Yasmina Jiménez. La maracucha que nació el 3 de octubre del año tal… La mujer que desde niña supo cuál sería su destino: Vivir en y por el teatro. Marabina, pero universal. Cálida, sutil, nada apresurada, a pesar de la premura que imponen los tiempos modernos. Esta Mujer hecha Teatro es ejemplo vivo para las nuevas generaciones que ven en el arte de la actuación una manera para transformarse como ser humano y tratar de hacer de este mundo un lugar mejor. Aquí, parte de su vida, de sus inquietudes, de su preparación que todavía hoy continúa, porque para ella no existen límites para el trabajo y aunque su fuerza física merme por el paso de los años, su fuerza espiritual la mantendrá presente en las Tablas, el sitio que más ama.

 

 

Tomé lecciones desde muy joven. Me decían: Ajá, y además de estudiar en la Escuela Teatro –porque yo también estudiaba Arte Escénico en la Dirección de Cultura de La Universidad del Zulia desde los 16 años- qué más hace usted, –les decía- yo estudio bachillerato…


Hay quienes estudian ingeniería, y esa va a hacer su profesión, es triste estudiar una profesión y no hacerla realidad, le haces perder dinero al Estado, pierdes el tiempo y no realizas el sueño que tienes.


Me preparé para el teatro, para eso, después que salí de bachillerato, esa tenacidad y resistencia, hizo que mis maestros me miraran; la maestra Laredo, Izaguirre, Rodolfo Santana, Adolfo Bual, Buenaventura…Yo tuve muchísimos maestros viajábamos mucho a festivales y durante ese tiempo recibía talleres de formación.


El libre pensamiento del hombre -en función del teatro- eso me hizo decidir, desde niña, que yo iba a ser una mujer de teatro. Primero, porque mi madre era maestra de escuela y mi padre era un soñador, un cantante de tangos, uno de los más grandes deportistas que ha tenido este estado. Nadaba con las manos atadas siete kilómetros y medio. Imagínense esa imagen tan fuerte. Nadaba desde Los Puertos de Altagracia hasta el Club Alemán. Yo lo esperaba allí hasta que llegaba. Era un hombre muy elogiado, admirado en su tiempo y, esa admiración permanece en mí, a pesar de las dificultades familiares que se dieron en el camino.


Él se acostaba en una hamaca, junto con sus cuatro hijos mayores, nos contaba cuentos en las cuales el héroe siempre era él. Y yo le creía. Todavía creo que él era el héroe. Y eso fue muy importante. Mi mamá tenía los pies sobre la tierra, pero mi papá vivía volando. Ella sí sabía lo que tenía que hacer. Nos hacía leer mucho. Con ella leí Las Mil Una Noche, pequeña. Yo tendría siete u ocho años y ya sabía leer.


Y ya en el liceo (Udón Pérez) comencé a incursionar en el teatro. Me frustraba, porque no conseguía… era muy efímera la relación teatral entre los profesores y los alumnos. La actividad teatral era muy incipiente. Entonces supe que había una Escuela de Artes Escénicas y el profesor Homero me confirmó la información: “Si, hay una escuela. Fui e ingresé. Era muy joven y desde el primer día recibí todo el apoyo por parte de la Maestra Inés Laredo. A ella le gustaba la frescura de mi juventud. Allí estuve dos años y, luego, continué mi aprendizaje con cinco profesores en cada área como César David Rincón, María Laura y otros que nos recuerdo. Inés Laredo era una maestra con mucha formación y creó el valor del teatro con mucha fuerza en mí. Siempre me decía: -“Usted va a ser una mujer de teatro”. Y yo me decía, en mi interior: yo Soy una mujer de teatro”.


Regresé a la escuela y estuve un año más. Me gradué y ese es el certificado, que más amo: el de egresada en la Escuela de Artes Escénicas, ha sido el mejor. La vida me lo ha demostrado.


Pasó el tiempo y me encontré con el Maestro Clemente Izaguirre. Me casé con él y estuvimos juntos en el Teatro Universitario por espacio de 10 años. Era un teatro de vanguardia. Con él aprendí que dos pedazos de pan son más que uno. Con él aprendí que el teatro no es sólo montarse en escena, sino que tenía un contenido y un mensaje, era un teatro político. Y eso es el teatro, política, pero no partidista.


En esa época viajábamos por Latinoamérica. Era la época del teatro contestatario. Eso fue por allá, por los años 70, 76, cuando comenzó a decaer el teatro universitario. El teatro se mueve en crisis, en pasividad, empiezan a emerger otras corrientes y mientras se acomodan los Gobiernos, pero es el Gobierno el que maneja los recursos económicos, pero la cultura artística –debido a esto- tiene en el camino muchos tropiezos. Todavía en nuestros países no terminan de entender la significación de las artes, de las letras, de la expresión del ser humano, a través de una propuesta.

 

El teatro enseña a hablar, a gesticular y para eso se necesitan recursos, gente especializada que forme a ese hombre de teatro, no empíricamente. Nosotros, que tenemos la Escuela de Teatro Inés Laredo, donde se forman hombre y mujeres, a seres humanos para ser valiosos, para la sociedad y aunque en el camino lo abandones, pensarás en positivo, a mirar las cosas sin ocultamiento, sin autoengaño. El hombre y la mujer que hacen teatro no pueden ser engañados, porque ayuda a elevar la autoestima, que es lo que necesitamos en este momento. Saber quiénes somos, cómo somos y para qué estamos aquí. A partir de eso continuar el camino. No perder nunca el objetivo, las metas, dónde vas, qué quieres.


Con esa visión del mundo he manejado mi vida y la voy a seguir manejando hasta que pueda caminar y pierda la fuerza física, porque la espiritual no la voy a perder, aunque sé que llegará el momento en que la fuerza física será menor. Creo que lo que me mantiene fuerte es ver a las nuevas generaciones que emergen con una visión hermosísima de la vida, con un sentido de cooperación, de aportar; generaciones limpias como las que tenemos en este momento en la Escuela de Arte Esencial, la gente de El Titilar, en el Bellas Artes, que lleva 20 años haciendo teatro. Todos ellos son egresados de la Escuela de Teatro Inés Laredo. Todos fueron mis alumnos.


Yasmina Jiménez no quedó atrapada en los escenarios teatrales. Se los llevó a las comunidades. Compartió – y aún hoy lo hace- todos esos saberes, toda esa experiencia se la entregó a la gente en los barrios, urbanizaciones y pueblos del Zulia. “En la formación de la gente que vive en las comunidades hemos aportado nuestro granito de arena”.

 

Jasmina Mujer_de_Teatro

 

 

Fuente: Prensa Secretaría de Cultura
Redacción: María Luisa González
Fotografía: Danilo Galué
Fecha: 28.03.2017

 

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